Tres claves para un mejor resultado en cirugía plástica
Cómo puede el DLMV mejorar el proceso de cicatrización.
Una adecuada preparación, un cuerpo sano antes de la cirugía es definitivamente un gran bonus. Alguien que hace ejercicio y se alimenta saludablemente tendrá una dieta plena de nutrientes que harán que la cicatrización sea mucho mejor. El DLMV ayuda a mejorar las condiciones de los tejidos y hace que el paciente llegue a la cirugía mejor preparado, física y emocionalmente, comprendiendo mejor la evolución postquirúrgica y aumentando la adhesión a los cuidados posoperatorios.
Usar las prendas de compresión adecuadas en el postoperatorio contribuye a prevenir la acumulación de líquido entre los planos disecados ayudando a que los tejidos se unan nuevamente. El control del edema ayuda a disminuir la tensión de los bordes de la sutura y evitar la dehiscencia de las heridas.
El drenaje linfático manual contribuye a eliminar más rápidamente el edema y todas las sustancias de degradación de los tejidos que quedan tras la cirugía y que podrían ser un medio propicio para el desarrollo de una infección local. La inflamación prolongada es una de las causas más importantes para una mala cicatrización y es controlable.
El proceso de cicatrización puede ser perfecto, es decir ad integrum, sin dejar secuela alguna, o mediante fibrosis, es decir con la sustitución del tejido original por cicatriz. El DLMV contribuye con la resolución del proceso inflamatorio y una mejor respuesta cicatrízale. Cuanto más tiempo se prolongue el proceso inflamatorio, más chances hay de que se desarrolle una forma de cicatrización hipertrófica.
Muchos cirujanos son conscientes de estos tres ítems y recomiendan a sus pacientes una preparación adecuada. Modificar hábitos dietéticos, dejar de fumar, atender su piel, hacer ejercicio, durante un período de al menos 3 meses antes de la cirugía suele ser una indicación habitual. La mayoría de los cirujanos recomienda también la utilización de prendas de compresión.
Pero el DLMV, aunque últimamente de moda, no suele ser recomendado, a veces es contraindicado y muchas veces, simplemente subestimado. El sistema linfático es una cenicienta de la medicina. Según Stanley Rockson, linfólogo de la Universidad de Stanford, la educación de un médico dedica menos de tres horas, en total, al sistema linfático. Esto no deja de ser sorprendente habida cuenta de que la formación de un médico requiere alrededor de 8200 horas en el pregrado, y otras tantas para la especialización. Por otra parte, el sistema linfático tiene un rol clave en el desarrollo de la respuesta inmunológica, la metastización, el metabolismo de las grasas y la regulación homeostásica del intersticio, es decir el espacio donde se desarrolla la vida celular. Esto incluye su papel en la construcción, renovación y reparación de los tejidos.
El sistema linfático es clave en el proceso inflamatorio y la curación de las heridas. Se trata de una fina red vascular donde los capilares se ubican próximos a las células y actúan como embudos que capturan el líquido de los tejidos y lo llevan a los ganglios linfáticos a través de los vasos colectores. Una trama de precolectores perfora las fascias y comunica la red capilar con los colectores. En la piel los capilares se hallan en la dermis, los precolectores funcionan como vasos perforantes de las fascias y los colectores transcurren por debajo de ellas. Los ganglios son estaciones donde la linfa es procesada.
Pero en ocasiones el cuerpo fabrica en los tejidos más líquido del que puede procesar, por ejemplo la respuesta natural del cuerpo a la cirugía cuando la inflamación, que es parte del proceso de curación, sobrecarga la capacidad de transporte del sistema linfático y aparece el edema. Si la inflamación no es controlada y el edema no es eliminado rápidamente, los productos de degradación propios del trauma harán que la cicatrización sea más lenta y de peor calidad. Dichos productos de degradación reciben genéricamente la denominación de degradoma.
La anestesia, la inmovilidad durante el acto quirúrgico, el trauma propio de la cirugía reducen la motilidad de los linfangiones, las pequeñas bombas de cada segmento vascular de los colectores linfáticos, propiciando el edema postquirúrgico.
En resumen, la acumulación de líquido, detritus tisulares, cuerpos extraños, microrganismos oportunistas de la piel, etc prolongan la inflamación y comprometen el proceso de curación. El DLMV y la compresión son las mejores herramientas para colaborar con el sistema linfático en su trabajo y favorecer el desarrollo de mejores cicatrices.