La magia de un gesto
El Dr. Eugenio Brizzio, uno de los máximos exponentes en el tema de la compresión, clasificaba al drenaje linfático manual entre las formas de la terapia compresiva.
Sin embargo, lejos de eso, el drenaje linfático manual ad modus Vodder es más bien una técnica de tensiones que una forma de compresión.
El gesto técnico del drenaje linfático manual ad modus Vodder pretende potenciar, poner en movimiento, mejorar las funciones naturales del sistema linfático, comenzando por la producción de linfa y la linfangiomotricidad.
Básicamente se trata de generar, mediante el movimiento de la piel sobre los planos profundos, una tensión de los filamentos de anclaje que al transmitirse al sistema vascular linfático, promueve la apertura de las válvulas de acceso de los capilares linfáticos y el acceso del líquido intersticial a su interior. Luego, la linfa así formada se vacía en los precolectores y de ahí en los colectores. Los colectores linfáticos tienen una capa de células musculares lisas que al contraerse impulsan la linfa en dirección de los ganglios linfáticos.
Los ganglios linfáticos se ocupan de procesar la linfa. Filtrarla, como dicen algunos textos, no hace honor a su verdadero rol. En el ganglio linfático suceden eventos clave de la respuesta inmunológica y de la concentración de la linfa. Pero los ganglios no cumplen una función de bomba impulso-aspirativa como pretenden algunos autores. Desde el punto de vista hidrodinámico son meros receptores de linfa.
El gesto Vodder sigue un ritmo que intenta imitar al del sistema linfático. Procede de proximal a distal, es decir que comienza en el sitio a donde la linfa llega y se aleja hacia los pies, las manos, la cabeza, para luego retornar hacia el principio. Es esencialmente circular, pero con dos fases bien definidas: una de tensión y la otra de relajación. No se busca presionar, sino mover la piel y a través de ello, poner en movimiento al sistema vascular linfático.
El agua se mueve siguiendo patrones circulares. El gesto Vodder procura integrarse a ellos y a los movimientos fisiológicos de los tejidos para favorecer su función natural. El drenaje linfático manual Vodder es como una forma adicional de entrenamiento para los músculos lisos de los linfangiones.
El movimiento de las estructuras profundas, de las fascias, la aspiración que genera la contracción del diafragma durante la ventilación, los movimientos de los miembros, la contracción de los músculos estriados, el peristaltismo intestinal, la contracción miocárdica, son elementos que contribuyen con la linfangiomotricidad.
Para que el gesto Vodder se transmita a través de los tejidos es necesaria la conservación de su integridad tensiorial. Es decir que los tejidos tienen que tener la capacidad física de transmitir la tensión hasta los vasos linfáticos. La integridad tensorial o tensegridad consiste una combinación de elementos elásticos, tensiles, intercalados con otros rígidos. Los puentes colgantes, los techos de los grandes estadios, pero también los organismos vivos gozan de tensegridad. La biotensegridad se manifiesta por ejemplo en las articulaciones, donde se combinan tendones y huesos.
La integridad tensorial sostiene y da estabilidad a grandes estructuras que deben ser a la vez livianas y resistentes. Si una de sus partes falla, el sistema se desmorona.
Los mecanismos por los cuales los estímulos mecánicos se trasladan a las células y promueven una respuesta biológica se conocen como mecanotransducción. Una de las hipótesis propone que los estímulos mecánicos (tensión, presión y cizallamiento) modifican la expresión de los genes mediadores de la inflamación a través de mecanismos epigenéticos mediados por factores de transcripción y por transmisión directa de dichos estímulos a través del citoesqueleto hasta el núcleo celular. Un estudio de Ethel Földi publicado en Lymphology en 1999 muestra que la terapia descongestiva completa (DLM, terapia compresiva, ejercicios y cuidados de la piel) genera una inhibición de los genes mediadores de la inflamación, lo que implica procesos epigenéticos.
Lo increíblemente genial es que la intuición de Emil Vodder, hace ya casi 100 años, sucedió bastante antes de que siquiera sospecháramos todo lo que hoy sabemos.